Cultura

EL COMERCIO

A lo largo de la historia, el Sáhara ha una sido una zona de paso y de destino de importantes vías comerciales. Algunas de estas vías nacían en Europa y sus destinos eran Essauría, Tombuctú y San Luis de Senegal.

El comercio transahariano tradicionalmente se desarrolló a lo largo de un eje norte-sur. A partir del siglo XVII se sumó un nuevo eje comercial este-oeste que unía las zonas del interior con las de la costa, que era donde las potencias europeas empezaban a instalarse.

Así, productos como la goma arábiga del norte del río Senegal, o las plumas de avestruz del desierto, atrajeron a los comerciantes europeos, que ofrecían metales, tejidos y alimentos a cambio de estos productos.

Pero los nómadas no se limitaban a participar en este comercio intercambiando productos, sino que también realizaban funciones de protección, guía, transporte, así como de arrendamiento de camellos.

Las salinas de Lyil eran el núcleo comercial más importante junto al Sáhara Occidental. De Lyil se extraían grandes losas de sal de unas dimensiones aproximadas de 1 x 0,4 x 0,15 m. Los trabajadores de las salinas recibían una de cada 687 que extraía, además de una medida de mijo por cada carga de animal que realizaba y que eran unas seis losas por camello.